La física escondida de conectar algo
La mayoría de la gente piensa que conectar algo es un acto mecánico muy simple. Metes una parte en la otra, pasa la corriente y asunto resuelto.
En el mundo real, ese momento tan pequeño es bastante más complicado. Toda conexión depende de la presión, la fricción, la química de la superficie y la calidad con la que dos superficies metálicas se encuentran en puntos de contacto microscópicos. Lo que al ojo humano se ve liso, bajo aumento parece una cadena montañosa, y la electricidad solo pasa por los puntos altos donde esas superficies realmente se tocan.
Ahí es donde empieza la resistencia de contacto. Mientras menos limpios y estables sean esos puntos de contacto, más resistencia se acumula en la interfaz. La mayoría del tiempo el cambio es tan pequeño que ni se nota. Pero con el paso del tiempo, el desgaste, la oxidación, la suciedad y el estar conectando y desconectando pueden convertir poco a poco una conexión confiable en una bastante inconsistente.
