Cuando una empresa desaparece, ¿a dónde van tus datos?

A veces tus datos no se “eliminan” — simplemente pierdes la puerta que usabas para acceder a ellos.
Imagina que has rentado un apartado postal durante años. Ahí llega correo importante. Contratos. Recibos. Registros que no necesitas todos los días, pero de los que dependes por completo cuando importan. Pagas la cuota. Sigues las reglas. Todo funciona como se espera.
Luego, un día, el correo deja de llegar. No porque no se haya enviado nada — sino porque la sucursal de correos cerró en silencio. Sin aviso. Sin reenvío. Sin explicación. El apartado sigue existiendo en algún lugar, pero ya no tienes forma de acceder a él. No sabes si tu correo fue devuelto, destruido o si sigue intacto en un cuarto cerrado con llave.
